Nadie se muere por nadie. La vida tiene leyes y efectos independientes. Muchos maestros del pensamiento lo han explicado; y yo lo creo: nadie se muere por nadie.
La vida es un fenómeno incontrolable, incontenible, ineluctable. Las leyes fácticas (llamadas simplemente, naturales) se imponen a nuestra voluntad, a nuestro deseo, a nuestra más cara ilusión. No se puede evitar que los ríos fluyan, que el fuego queme, que la luz alumbre, … La vida se preserva a sí misma y, en este devenir, conserva —a favor o en contra de nuestra voluntad— el hálito vital, el flujo sanguíneo, la cadencia respiratoria, … Y así, nadie se muere por nadie; porque la vida insufla vida en cada átomo del Universo.
Por estas y muchas razones más, mi sangre, mis huesos y mi corazón seguirán viviendo. Lo sé bien ahora: nadie se muere por nadie; y por ello sé también que agonizaré durante toda mi vida.
Pueblo Libre (Lima, Perú), 30 de Mayo del 2009
Bellas palabras y sentimientos. El amor no se puede medir con un instrumento, pero lo que expresas lo hace ver inmenso. Mucha fuerza tío. Te quiero muchísimo. Gigi.
ResponderEliminarRealmente son palabras más que hermosas, y estoy segura que toda persona que ha amado con verdadera entrega tiembla al leer estas líneas. El amor pasa las fronteras, el tiempo, y hasta la vida misma.
ResponderEliminarFuerza Sr. Arenas!!!. Sus amigos como yo lo quieren mucho: Claudia