martes, 9 de junio de 2009

Cartas tardías - I


¿Sabes que estuve largo rato esperándote?...

No había terminado de sonar el timbre de “Salida” y yo ya estaba aguardando impaciente que el Cura Inspector abriera la puerta principal del Colegio. Crucé el umbral y en un suspiro corrí hacia aquella esquina en la que tomas el autobús del diario viaje desde el cole a tu casa y viceversa. Pasaron siglos hasta que apareciste con tu uniforme azul marino y ese reborde blanquísimo que abraza tu delicado cuello, sobre el que cae precioso tu cabello recogido en ese estilo que llamas “cola de caballo”… ¡Y qué rico hueles! (perdón por el atrevimiento)... ¡Y qué no hago para coincidir contigo en la subida al autobús! ... Con prisa por auparte, la oscilante mata de tu cabello perfuma alrededor de tu pubescente cuerpo un invisible y fresco halo, en el que me apresuro a ingresar para adueñarme de tu respiración y de tu aliento en un arrobamiento mágico aunque imposible.

Mañana volveré a oficiar el rito (sin que tú lo sepas).

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