de toda fuerza moral.
Mi alma deambula,
impenitente y fuera de sí,
como ola marina arrojada
como ola marina arrojada
contra la vasta crueldad
de un dolor que nunca acaba.
Sufro ... Lloro ... Contiendo ...
Sufro ... Lloro ... Contiendo ...
Me levanto ... Me abates ...
Y mis venas tiemblan
cuando escucho,
cuando escucho,
a lo lejos,
tus pasos …
Te llamo y rezo,
y te sigo sin desmayo.
Y, sin embargo, te callas ...
¡Escúchame, Señor!
Te llamo y rezo,
y te sigo sin desmayo.
Y, sin embargo, te callas ...
¡Escúchame, Señor!
No hay comentarios:
Publicar un comentario