martes, 30 de junio de 2009

Escúchame, Señor


Despojado estoy
de toda fuerza moral.

Mi alma deambula,
impenitente y fuera de sí,
como ola marina arrojada
contra la vasta crueldad
de un dolor que nunca acaba.

Sufro ... Lloro ... Contiendo ...
Me levanto ... Me abates ...
Y mis venas tiemblan
cuando escucho,
a lo lejos,
tus pasos …

Te llamo y rezo,
y te sigo sin desmayo.
Y, sin embargo, te callas ...

¡Escúchame, Señor!

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