Cuando la ciudad se duerme
y ya no se escucha sino
el sordo fluir de su silencio,
tu figura aparece frente a mí
más pura y fresca que nunca.
Todos duermen ...
Tu risa es sólo mía.
Tus palabras no se mezclan
con otras voces
y tus manos me pertenecen
para siempre ...
¡Bendita sea la noche
que me hace dueño
de tan grande tesoro!
domingo, 7 de junio de 2009
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