La felicidad que te debo
ya no la puedo pagar!
De dónde iba yo a sacar
zafiros de finos orientes
para poder así coronar
tu dignísima y alta frente.
La felicidad que te debo
ya no la puedo pagar!
Dime tú, amor y reina mía,
de dónde iba yo acopiar
la tan delicada ambrosía
digna de tu paladar.
La felicidad que te debo
ya no la puedo pagar!
Y cómo, dime, yo ahora podría,
con esta triste alma desganada,
componer la más simple melodía,
un poema o apenas una sosa tonada.
La felicidad que te debo
ya no la puedo pagar!
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