viernes, 7 de agosto de 2009

Cartas tardías - III


Ayer estuve largo rato frente al portón de tu colegio esperando que nuestras miradas se juntaran y que, obedeciendo a nuestro mudo protocolo consagrado por los días y el bienquerer, tomara yo el bolsón en que acarreabas tus libros y tus lápices. Y qué feliz era yo echándome esa carga y esa responsabilidad de escoltarte para que nadie interfiriera tu camino, para que nada rozara tu tierna y leve figura; ¡ni siquiera el viento o la garúa!... Pero no llegaste.

Como no me lo creí, esperé aún más, casi hasta el anochecer. Y, claro, llegué a mi casa con el uniforme escolar empapado y el corazón en vilo: ¡había deambulado tanto por las neblinosas calles de Pueblo Libre!, …

Al final, a solas, en una noche anegada en melancolía, fue mi consuelo abrir aquella cartita en papel rosado, donde yo había copiado para ti un verso de Rabindranath Tagore:

“¡Te necesito a ti, sólo a ti!
Deja que lo repita sin cansarse mi corazón.”

Y tú, con ese detalle tan tuyo que más tarde haría que me enamorara aún más de ti, pusiste, en respuesta, el signo aritmético =, es decir “igual”. Fue entonces cuando saltó de alegría mi corazón.

1 comentario:

  1. Encontré el correo dentro de los Spam, quiero felicitar tanta sensibilidad y expresión de cariño.
    Para las que tuvimos el placer de conocer a Lourdes, es un merecido homenaje a una persona que lucho por la unidad de sus compañeras en forma permanente, es también una satisfacción.
    Gracias por haber creado este Blog. Lo difundiré

    ResponderEliminar