domingo, 23 de octubre de 2011

Lámpara votiva - LXXVIII


Una tibia tarde de Septiembre, pusiste en mis manos un dulce puñado de oro en polvo y mi torpeza no lo supo retener, y hoy mi indigencia no puede ser más dolorosa.

Señor, Dios de lo que fue y de lo que será, ¡que la ausencia no sea para siempre!

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